En el post anterior se definían los tres pilares básicos de las relaciones sociales: empatía, respeto y asertividad. Hoy vamos a indagar más en lo que significan y exponer ejemplos que seguro a todos nos ocurre habitualmente.

Vivimos en una sociedad donde se cree que la libertad de expresión es un derecho. También es una responsabilidad como comentábamos en el post anterior. Yo lo suelo comparar con el derecho al voto. Ambas partes son igual de relevantes. Derecho y responsabilidad. Esta última se nos suele olvidar.

Que podamos hablar y seamos capaces de formar frases, no significa que sepamos comunicarnos y mucho menos dialogar. Realmente nadie nos ha enseñado. Al igual que tampoco tenemos muy claro dónde y cuándo poner límites y cómo instaurarlos en nuestras conversaciones.

La tendencia es pasar de la sumisión al enfado y viceversa. Salvo que aprendas a regularlos y esto conlleva trabajo personal y de auto-conocimiento. Se trata de desaprender para volver a aprender.

Incluso mucha gente tiene la falsa creencia de que hay que “cumplir”. Ha sido un aprendizaje implícito. Los «debo» no nos permiten a priori reestructurar los pensamientos. Con métodos cognitivos es totalmente factible.

La realidad es todo lo contrario. Aprender a poner límites y a decir que “no” son las dos herramientas más maravillosas que he aprendido en mi vida personal y obviamente como terapeuta siento que tengo que compartirlas con quien no tenga claro sus beneficios.

En nuestro estilo educativo habitual o dentro del sistema no se aplica un programa específico para el desarrollo del área emocional. Se trabajan las emociones, por ejemplo, en Educación Infantil de forma estandarizada. Para conocerlas y reconocerlas. Bien es cierto que es un trabajo muy personal y lo que ocupa el currículo actualmente no se acerca ni por asomo al suficiente. Ni en contenido ni en cuanto a su aplicación real.


Si seguimos ampliando o “tipeando” lo que entendemos como diálogo o conversación, algo muy significativo a tener en cuenta es que no siempre nuestra opinión es necesaria. Tampoco nos la habrán pedido y también es importante ser ávido y detectarlo. No todas las críticas que consideramos constructivas lo son. Depende de para quien.

Con lo cual, es importante observar al hablante para llevarlo al campo de nuestros pilares si fuera necesario. Y si no lo conseguimos, también es sano e inteligente decidir con quien, no nos apetece dialogar porque no nos aporta. Esto sería un paso para aprender a poner límites. Y estaríamos aplicando la asertividad en su estado más puro.

Si no se cumplen los tres pilares básicos por ambas partes es que algo falla. Empatía, respeto y asertividad son las palabras mágicas de las sanas y adecuadas relaciones sociales. No hay más truco.


A veces, cuando tenemos una conversación con alguien que nos violenta o utiliza malas palabras o directamente no consideramos que ese sea un diálogo sino un ataque, un monólogo hedonista sin réplica, entonces podemos decidir que no queremos seguir en esa línea de discurso.

No tenemos que dedicarle tiempo a todo el mundo ni sentirnos obligados por cortesía o por normas sociales no escritas que lo único que hacen es someternos a algo que no nos sienta bien.

No se trata de no tolerar nada y que todo nos ofenda pero sí, querernos y cuidarnos un poquito más y detectar cuando algo no nos está sentando bien, no nos compensa e incluso nos afecta. Tampoco es una estrategia para estar a la defensiva porque tenemos la piel muy fina. Los pilares están para empezar por desarrollarlos y ponerlos en práctica en uno mismo, que no siempre es fácil. Lo fácil es analizar y llegar a la conclusión de que la otra persona es la que cae en el error. Por ello no es algo que se aprende y aplique en un día porque implica mucho trabajo de desarrollo personal detrás.

Este tipo de análisis nos ayuda a valorar si tenemos conversaciones/relaciones sanas, analizando ambas partes. Podemos aprender a tenerlas y ayudar al otro a modificarlas también.

Estos conceptos llevados a la práctica con las nuevas tecnologías, ayudaría y favorecería el buen uso de las mismas y la intencionalidad del usuario.

En siguientes posts seguiremos ampliando esta información, referente a los pilares de las relaciones sociales sanas y los ejemplos diarios.

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