Los 3 pilares básicos de las Relaciones Sociales: Empatía, respeto y asertividad.

Los 3 pilares básicos de las Relaciones Sociales: Empatía, respeto y asertividad. Este post, primero de varios sobre el mismo tema, comienza poniéndonos al día sobre lo que son estos conceptos aplicados a la realidad.

Si queremos tener relaciones sociales efectivas y en armonía, tenemos que valorar primero si lo básico nos ha quedado claro.

Quizás habitualmente erramos o nos sentimos incómodos o inseguros durante las mismas, a causa de las falsas creencias y los roles sociales que hemos aprendido.

Empezamos!!!

1. Empatía: ser capaz de ponerse en el lugar del otro para comprenderlo.

No se trata de compartir ni justificar acciones o pensamientos, solo poder entender estando 100% bajo dicho punto de vista: con sus experiencias, su estilo educativo, creencias, etc.

No vale el, “si yo fuera tú”, porque no se trata de eso. Es una confusión muy común sobre este término. Al principio parece difícil porque nos hemos acostumbrado a crearnos una opinión basada solo en nuestro criterio y no según la realidad de la otra persona.

No se trata de que tengamos que tener relaciones efectivas con todo ser humano. Pero sí nos ayudará a cambiar nuestra perspectiva, más allá de lo que apreciamos por lo que no entendemos.

Otro pilar clave, que va más allá de las relaciones sociales, y diría yo que está más relacionado con la gestión personal de emociones, sería elegir con qué personas queremos seguir fomentando estas relaciones. O  bien decidir que NO nos aporta.

Pero la teoría que tratamos hoy en el post, lo que nos explica es cómo poder relacionarnos con quien sea. Incluso no juzgar, a priori, la información que nos llega del entorno. Incluido lo que vemos en las noticias, lo que nos cuenta la vecina, el problema de tu amiga en la oficina etc.

Las historias tienen más de una versión. Y no es que una parte mienta, sino que ante una misma situación, cada persona puede vivirla y percibirla de distinta forma. ¿Cierto que les vienen ejemplos a la mente?

La empatía no es selectiva.


2. Respeto: Teniendo en cuenta el pilar anterior y según lo que queremos para con nosotros. Eso quiere decir que bajo ningún concepto juzgamos, simplemente aceptamos que igual que nosotros tenemos creencias, opiniones y pensamiento, o formas de ver la vida distintas, no por ello nuestra visión es mejor ni peor. Solo diferente e igual de respetable que otras.

Incluso aunque no comprendamos habiendo puesto en práctica la empatía. Porque todos, y digo todos, merecemos respeto.

La violencia tanto verbal como física empieza con pequeñas faltas de respeto que hemos naturalizado tanto en nuestras relaciones sociales, que cruzar la barrera es muy fácil.

Podemos violentar a alguien sin gritar, insultar o pegar. Con nuestra expresión corporal, por ejemplo.


3. Asertividad: El pilar número 3 se basa en ser capaces de exponer nuestras opiniones de una manera adecuada. Sin dictar sentencia, sin ofender.

Si aprendemos a ser asertivos podremos hablar de cualquier tema incluyendo los considerados tabúes, puesto que lo haremos con toda la humildad y respeto del mundo.

Tenemos que tener en cuenta que para tener buenos diálogos y discutir sobre algo, que no significa hacerlo enfadados sino exponer posturas, debemos tener como premisas que:

  • Nuestra opinión no es tan importante. Lo es para nosotros y a lo largo de nuestra existencia, aquello por lo que tanto insistimos en una conversación puede variar en el tiempo. Forma parte de  madurar.
  • No se nos va la vida en ello. Regularemos la energía. ¿De qué vale la pena enfadarse? ¿Ayuda en la defensa de nuestro criterio o desgasta?
  • Solo queremos poder debatir o postularnos sobre algún tema por compartir o por interés.
  • Si se cumplen los pilares anteriores la libertad de expresión será, y será la correcta. Porque lo incorrecto es creer que significa decir lo que quiero sin filtro.
  • Lo políticamente incorrecto no está reñido con la educación. La frase “tu libertad acaba donde empieza la mía” limita bastante bien donde están las formas, no el contenido si sabemos trasmitirlo.

No se trata de convencer a nadie, sino de tener relaciones sociales efectivas y poder entablar conversación sobre cualquier tema.


En el siguiente post nos adentraremos más en estos 3 pilares básicos, exponiendo ejemplos del día a día donde, con un poco de práctica, sería muy fácil llevar a cabo estos principios vitales para con todo lo que nos rodea.

La psicología y educación cognitiva van de eso: las cosas cambian si se trabajan, si se reestructuran. No aparecen de repente en la cabeza…

 

La magia no es más que el trabajo que hay detrás de un cambio.

 

Para cualquier consulta, duda o sugerencia pueden contactarnos a través del correo o las redes sociales.

Feliz día!!!

 

Ola de Violencia entre Menores.

En las últimas semanas nos han informado a través de los medios de bastantes agresiones muy duras con finales tremendos. Violencia entre menores y de menores hacia adultos.

Siempre se han dado estas situaciones pero creo que de forma más puntual. Que se empiece a extender y se convierta entre ciertos círculos en conductas más habituales, como profesional me preocupa y como persona me hace sentir insegura.

 

Ellos no aprenden por arte de magia, tenemos TODOS una responsabilidad muy importante  en su educación.

 

A veces estos niñ@s provienen de familias desestructuradas donde incluso otros familiares son delincuentes y/o están encarcelados pero también entre niñ@s de otros perfiles. Algunos de educación de excesiva protección o de absoluta entrega sin límites, donde los menores nunca han escuchado un “NO”. Entonces, no responden solo a un perfil, es el desarrollo emocional en muchos estilos educativos o donde estos mismos brillan por su ausencia.

Nosotros los adultos, vivimos en esa sociedad de consumo y hedonismo que también nos influye, pero nosotros ya vamos sabiendo filtrar. Es nuestra responsabilidad mostrarles esa realidad a los más jóvenes.


Ahí también tengo crítica al Sistema Educativo, que como siempre comento, es demasiado estándar para las necesidades reales de los alumn@s. A los profesionales nos dificulta mucho nuestra labor, y creednos, queremos ayudar.

Ha habido agresiones físicas y sexuales, que es lo peor que he escuchado en mucho tiempo, de menores que no tendrían ni que saber qué significa violar. Y si ya son conocedores de  ese concepto, cuánto de importante es que entiendan, que es una terrible aberración y no algo para jugar. El problema de los temas tabú es que si no se explican bien, entienden lo que quieren o pueden o de la manera que lo perciben según contextos. La línea de esos incorrectos aprendizajes es muy delicada.

Violaciones entre menores, a niños con discapacidad, agresiones, robo, incluso asesinato a personas de edades avanzadas…

  • ¿Qué está pasando?

  • ¿Estos menores que ya han delinquido con edades de 12 a 14 años conocen la Ley del Menor?

  • ¿Y las consecuencias?

  • ¿Dónde está el respeto y la empatía?

  • ¿Qué mensaje le estamos haciendo llegar a los menores sobre límites, leyes, normas de conducta etc?

Tengo mil preguntas que me hago porque no lo entiendo, o quizás sí. Después del caso de “La Manada” curiosamente se han repetido este tipo de hechos en adultos y en menores, tomando como referencia a ese grupo. ¿En serio esos son los referentes actuales? ¿Qué está pasando?


El otro día presencié un accidente de coche en el que un “señor”, por llamarlo así, quiso pasar adelantando a un taxi cuando tenía línea continua y NO había espacio. Al intentarlo no solo rozó al taxista que estaba dejando a un pasajero en el carril contrario, sino que, con toda su rabia estampó su coche contra el que tenía inmediatamente delante suya. Provocando que la reacción del otro “señor” fuera similar. Esto es horrible, porque vamos sin que nos importe nada por la vida: normas circulatorias, no aprender a esperar, insultar y pegar cuando algo no nos cuadra, con una tremenda baja tolencia a la frustración…

Pero, a mí parecer,  lo peor fue que estábamos delante de un instituto y todos los jovencitos estaban mirando. Yo observaba sus caras y la respuesta de estos me generó temor futuro y mucha rabia hacia los adultos que estaban dando un espectáculo deleznable, vergonzoso y no sé cuántas cosas más, sin darse cuenta de la influencia generada en ese instante. Al rato vimos que la policía ya venía. Porque además, presencias tanta violencia que no te atreves a intervenir por cuidar tu propia integridad física y psicológica. O lo que es lo mismo, porque la reacción humana es sentir impotencia y miedo.

Esto no es un caso aislado. Situaciones similares ocurren a lo largo del día infinidad de veces. En la calle, en la tele, en las redes, en el barrio, en el super…en la escuela. No sabemos cómo lo perciben los menores, pero sí estamos viendo cómo reaccionan en bastantes casos, como para valorar que existe un problema social.

Otros menores cuentan incluso con risas situaciones que ocurren en sus hogares que a mí me cambian la cara. Razón: La normalidad que se está dando en nuestra sociedad al uso de la violencia verbal y física para todo. Y digo para todo porque en el caso que he contado, lo civilizado hubiera sido controlar los instintos, que se supone, es lo que nos diferencia del resto de los animales. Respirar, llamar a la policía e intercambiar los papeles del seguro. Porque no es para tanto, porque hay que saber respetar.

Pero NO, parecían dos gorilas luchando por ser macho alfa. Vergüenza ajena y vuelvo a repetir, mucha inquietud hacia lo que está ocurriendo con esas personitas que aprenden imitando conductas de adultos. Y últimamente sin diferenciar el bien del mal.


Por otro lado, sienten que tienen inmunidad como menores. Muchos conocen demasiado sus supuestos “derechos”, pero esos derechos están para protegerlos no para “justificarlos”. Desde mi punto de vista esa Ley del Menor habría que modificarla al igual que los protocolos de Acoso Escolar que me parecen demasiado justitos y “cogidos con pinzas”. No es la primera vez que lo nombro en este blog.

Los chic@s perciben, asimilan y generan sus propios conceptos, sus propios ideales. Con toda esta cantidad de estímulos dudosos y complejos que nos llegan a través de los sentidos/medios/redes en la actualidad, están teniendo un nefasto desarrollo emocional en muchos casos.

 

La información está ahí y es necesaria, pero enseñándoles a gestionarla y a filtrarla.

 

NO ponemos límites suficientes. Los adultos en muchas ocasiones somos incapaces de ponernos de acuerdo en pro del menor. Si no somos capaces de respetarnos entre nosotros mismos cómo pretendemos que lo hagan ellos. Para muestra las redes sociales y los casos de acoso como el que denunció hace unas semanas la conocida bloguera LovelyPepa. Es terrible cómo nos tratamos los adultos, qué odio se desprende hacia personas que ni conoces. Es abrumador.

Yo llamo a esas personas que se dedican a acosar creyendo que eso es libertad de expresión (explicaremos bien este concepto en otras publicaciones): PDTLMG. «Personas con Demasiado Tiempo Libre Mal Gestionado». Pero ese será otro post.

Obviamente y como siempre especifico, me refiero a determinados casos y en diferentes supuestos, no soy dada a generalizar y por lo tanto tampoco lo estoy haciendo ahora. Porque creo que cada individuo es diferente independientemente de su sexo, raza, religión, creencia política, valores etc. Y esa diversidad es fantástica si hay respeto, porque aporta.

Siempre le digo a mis alumn@s que la única norma que tengo es el “respeto” y que aprenderemos a ponernos en el lugar del otro. Con el tiempo propongo y provoco situaciones para que apliquen las herramientas que van conociendo. Y por supuesto, los que nos dedicamos a la educación queremos que comiencen a alegrarse de los logros ajenos. Es lo más bonito como seres humanos.

Me encantaría poder educar en el respeto hacia los seres humanos, los animales, el planeta…y sé que mucha gente, profesionales o no, quieren lo mismo. Educar para no hacer daño al otro porque a ese otro le duele y no queremos eso porque también sentimos SU dolor. O lo que es lo mismo, porque empatizamos incluso aunque no pensemos de igual forma. Porque eso es RESPETO.

Pero últimamente, en esta sociedad de consumo y hedonismo, se da más educar en el miedo, en tener más deberes o no jugar a los videojuegos y la verdad, es que ni si quiera eso funciona.

 

Así que, querida sociedad…igual ya es hora de cambiar las técnicas y seguir el camino del respeto para que nos IMITEN bien.

La Escuela Ordinaria necesita cambios.

En la escuela ordinaria y en la ley educativa vigente se sigue sin contemplar de manera real y aplicable la educación emocional. Hay escuelas que sí se están implicando y ofrecen dentro de su horario lectivo la posibilidad de conocer y desarrollar la educación emocional.  En la actualidad son muy pocas.

La crítica no es a escuelas o maestr@s sino al SISTEMA. Un horario lectivo con muchas horas con unas competencias que superar y en eso se basan nuestras leyes educativas, que solo varían cuando cambia el gobierno de turno para que veamos que se «preocupan» más que el anterior. Leyes y protocolos que están porque tienen que estar pero que no cumplen una función real como necesitan especialistas y alumnado.

Me encuentro con  escuelas en las que ni siquiera se valora el tiempo de tutoría para resolver los problemas del aula. Cuando surge un tema comprometido se «echan balones fuera» y no tratamos con naturalidad las conversaciones con los niñ@s. Es tabú o bien «nos lavamos las manos» por si las familias de molestan. Lo que confirma que nos falta Inteligencia Emocional a los adultos para gestionar sin miedo y con raciocinio.

Si nos coordináramos bien familias y especialistas en pro de un proyecto común estoy segura de que esto no sucedería pero lo que veo es miedo «por si»… a mí personalmente estas circunstancias con las que me encuentro a menudo solo hacen limitar mi trabajo.

Cuando creas un vínculo afectivo el trabajo es mucho más fácil y los resultados visibles a corto plazo. Se sienten más seguros, confían en tí y comparten y se sinceran aún sabiendo que aquello que te cuenten pueda no gustarte. Pero a veces parecemos dragones de piedra que vamos a instruir en lugar de a educar y creamos una barrera infranqueable que cuesta derribar cuando uno se la encuentra.

Desde hace años y en distintas escuelas y colegios de todo tipo, me encuentro con que los objetivos esenciales y más sencillos del desarrollo socio-emocional no se ven por ninguna parte. Ni siquiera  algunas herramientas para resolver conflictos de forma asertiva entre alumn@s. Tiramos de frases tópicas que yo misma me he visto usando por defecto. En las sesiones de tratamiento pedagógico nos parece igual o casi más importante el desarrollo socioemocional que el desarrollo cognitivo.

Decimos que evolucionamos en la enseñanza en las escuelas ordinarias y es cierto que hay maestros y más docentes que luchan por incluir el desarrollo socioemocional porque son conscientes de que insistir en ello también favorecerá al enfrentamiento y la gestión de las materias de evaluación. Pero no todo depende de ell@s.

Los niñ@s con un buen desarrollo emocional son más felices que los que sacan dieces.

 

Nos falta educación emocional en las escuelas ordinarias cuando vemos que los alumnos se faltan el respeto, no demuestran empatía, ni conocen ni saben gestionar sus emociones. A día de hoy hay tanta carencia como en la época de nuestros padres. Con una diferencia, ahora estamos formados, conocemos el poder que tiene la educación emocional y lo importante que es para el día a día de niñ@s y adult@s.


Y entonces… ¿para cuándo?

¿Somos conscientes de que podríamos reducir el Acoso Escolar, Autoestimas Bajas, Inseguridades, Violencia Generalizada, Suicidios, Depresiones y otros tantos problemas que pueden surgir durante la etapa escolar?

 

Últimamente ocupo bastante tiempo en esta temática porque considero que en general estamos muy equivocados en cómo llevar nuestras vidas y los niñ@s tienen un aprendizaje indirecto de aquello que van percibiendo. Y eso lo observo en las conversaciones que escucho entre ellos. También en las de los adultos.

¿Sabían que en últimos estudios estadísticos a una tasa alta de jóvenes  en la adolescencia les parece normal que exista algo de violencia en la pareja? Controlarse entre sí y vigilarse se ha normalizado. Revisar el whatsup, el tamaño de la falda o si tienen amigos/as es motivo de gritos e incluso insultos.

¿Por qué sucederá esto? Porque copian y se dejan llevar por los instintos y conductas ajenas además de esa base de personalidad mal desarrollada. El rol social que observan sigue siendo en su mayoría inadecuado. Obviamente cada caso es un mundo y habría que valorar otros factores influyentes. Igual también tenemos que incidir en cuáles son las relaciones sanas, lo maravilloso que es ser asertivo, defender los pensamientos racionales y aprender a decir NO.

Repito como siempre que no lo juzgo, formo parte de la misma generación y cultura, por eso mismo creo que nos equivocamos. Si nos paráramos a analizarlo, veríamos que modificar esos patrones es más fácil de lo que parece pero hay que querer hacerlo.

Veo muchas, demasiadas conductas en las aulas desde hace tiempo que no solo generan problemas en ese contexto sino que se van incubando para el futuro:

  • Problemas emocionales
  • Enfermedades mentales
  • Frustraciones (BTF)
  • Gestiones confusas y violentas con las personas que ocupen sus vidas
  • Decisiones tomadas por el rol social o lo que se espera de ellos
  • Dependencias a drogas, juego, pareja…
  • Personas que se convierten en trollS en redes sociales que es otra forma de vejación y maltrato ETC.

Por eso cada día me sigo repitiendo… Y entonces… ¿para cuándo?

Para cuando pasen desgracias y situaciones extremas que es el momento en que suelen sentirse responsables los cargos que manejan el sistema educativo o los programas de inclusión social. Cuando la sociedad se espanta por un suceso incomprensible, cuando es televisado. Si educáramos de base nos ahorraríamos un porcentaje alto de estos  problemas que se desarrollan durante la infancia.

Ya algunos proponemos programas y guías elaboradas para empezar a aplicar en los colegios y con las familias. Ojalá no pase mucho tiempo para que nos dejen hacer nuestro trabajo. Que no sea tarde…

Y entonces ¿para cuándo?

 

La educación emocional no es un juego ni algo místico o espiritual. Es la base de una buena salud mental y una herramienta de resolución de conflictos.

 

 

 

 

Educación emocional desde la primera infancia

Cómo hacemos llegar los roles vitales a nuestros peques es una cuestión que me preocupa desde hace tiempo. Tanto las familias, las amistades, como los medios de comunicación promovemos unos ideales que la psicología, pedagogía y salud mental en general, estamos valorando cada vez más como INSANOS.

Creo que esto también se debe a las ideas que hemos tenido anteriores generaciones sobre lo que creemos que “debemos o no debemos ser o hacer”. Lo política y socialmente correcto.

Primeramente expresarse con un “debo”, “deberías”…ya plantea algo que parece obligación y no convicción por motivación. Hace tiempo un psicólogo amigo me planteó lo que implica esta palabra en nuestras rutinas, en nuestras decisiones. También me animó a que la cambiara por un… “me gustaría”. Así podría valorar si se ajustaba a lo que realmente quería en esa acción que me daba a mí misma.

Y comprobé que tenía razón. Nos enfrentamos a las Falsas Creencias que perjudican a nuestra salud mental y a la educación emocional en la primera infancia.

Por otro lado me preocupa el hecho de que le demos muchísimo valor e importancia a la Inteligencia como un Cociente Intelectual. Como un factor de triunfo asegurado. También el poco espacio que le dejamos a la Inteligencia Emocional. Aprender a conocerse, valorar por qué actuamos de una manera u otra, generar un diálogo interno racional y sano para dirigir nuestras vidas parece algo secundario.

 

En nuestras mentes está grabada la afirmación de que: debemos cumplir, un pensamiento completamente irracional.

 

Lo sano sería aceptar y que nos acepten tal cual somos. Tal cual queremos ser con nuestras decisiones. Si esto fuera así el “debería” no existiría, porque nos respetaríamos y valoraríamos aquello que hemos decidido por razones sanas. Convincentes para nosotros, no para los demás.


Este tema tendría muchos párrafos dedicados a la imagen que damos o queremos dar y nuestros comportamientos sociales. También lo que esperamos de los demás que nos lleva a juzgar constantemente. A sentirnos mal por no cumplir expectativas ajenas. Digamos que es como “la pescadilla que se muerde la cola”. Es difícil romper el círculo pero no imposible.

 

No se nos enseña a regular nuestros sentimientos, emociones…entender y manejar nuestras frustraciones y todo lo que ello conlleva. Como la hiperexigencia o la baja autoestima asociada.

 

Suena muy místico Sí, pero la realidad es que NO atendemos a nuestra salud mental como merece. Entender que no pasa nada si se tiene un mal día, que todo no es MrWonderful (aunque nos ayude y nos saque una sonrisa). Que las redes sirven para algo más que el postureo y que la constante muestra de una intensa vida, no real, perjudica al concepto de imagen en nuestros menores.

 

Y estas pequeñas cosas que hacemos los adultos, los niñ@s las van copiando y/o percibiendo a su manera, con los matices propios de los estilos educativos y la edad.

 


La lista de lo que no estamos atendiendo desde mi punto de vista sería larga pero me centraría en estos tres puntos:

  1. Debo, deberías… ¿Qué es más importante hacer lo que se supone que debemos, o ser capaces de encontrar lo que realmente nos gustaría?
  2. Hiperexigencia, frustración y no saber regular nuestras emociones, además de enfrentarnos a muchas situaciones a las que no estamos preparados… ¿Quién nos enseña y cuáles son sus beneficios para nosotros y para los demás?
  3. El ser humano es cambiante y por lo tanto también su humor. No vivimos en un constante sonreír y eventos sociales. Podemos estar tristes, podemos aprender que no es tan importante cambiar de estado de ánimo ni expresarlo porque, para empezar, buena parte es fisiológico.

 

Qué interesante sería hacer llegar a los más pequeños en cada etapa de su desarrollo el contenido de estas reflexiones.

 

Es cierto que cada vez más personas se ocupan de este ámbito, para sí mismos y para sus familiares. Pero no las suficientes porque el contexto que rodea a los más pequeños es mayor y no todos los estímulos favorecen esas buenas pautas.

Nada es tan importante. Si puntuásemos del 1 al 10 una situación, veríamos que racionalmente, nada, nada es para tanto. Ni la enfermedad o la muerte, porque desde que nacemos estamos destinados a ello y es natural. Tampoco se nos enseña y solo pensar en ello o hablarlo suele dar…miedo, incluso ser un tema tabú.

 

¿Y si consiguiéramos vivir estos momentos vitales con más naturalidad? ¿Es posible aprenderlo?

 

Este tipo de razonamientos están maravillosamente explicados en manuales tales como “El arte de no amargarse la vida” y otros tantos del Psicólogo Rafael Santandreu, que defiende este tipo de filosofía vital. No es más que hablarse bien, aprender a tener un buen diálogo interno. Para ello hay que cambiar muchas cosas y ser constante.

En resumen, me parecía interesante aportar este pequeño punto de vista que con el tiempo ampliaré. No solo como profesional sino como persona tengo mucho que decir. He comprobado en mí misma como la reestructuración cognitiva bien trabajada, modifica esos conceptos que tenemos grabados a fuego y que no nos ayudan a evolucionar.

Aquí dejo mi granito de arena pero más adelante iremos viendo algunas estrategias que vienen genial. A los adultos “nos gustaría” que las nuevas generaciones puedan aprender en Inteligencia emocional lo que algunos mayores hemos buscado aprender de grandes. Cuidar nuestra salud mental.

Esto es un blog de Pedagogía Infantil Sí, pero todo empieza por la educación y el concepto que tengamos de ella y…educamos los adultos, no nos olvidemos. Podemos seguir aprendiendo y mejorar nuestras vidas en todo momento. 😉

 

¿Estáis de acuerdo con nuestras carencias en Educación Emocional y lo que influye en la educación durante la primera infancia?

¿Qué os gustaría que vuestros hij@s aprendieran en Inteligencia Emocional?

¿Qué carencias valoráis que anteriores generaciones hemos tenido en este ámbito?

CuentaCuenTEA: Una historia que podría ser real.

Érase una vez un niño muy curioso. Le encantaba pasarse horas y horas estudiando astronomía. Inmerso en sus libros, internet y el telescopio que le había regalado su mamá. Conocía absolutamente todo o casi todo lo que se supone hay en el firmamento. Todo lo que estuviera en la información de la que podía disponer.

Para él nada podía ser más interesante que su tema predilecto, aunque era consciente de que a los demás niños de su edad no les parecía tan espectacular. No lograba entenderlo del todo. Ni tampoco era capaz de compartirlo. Su tema era suyo.

No tenía amigos y en general dedicaba su día a rutinas que tenía planificadas al milímetro con varias jornadas de antelación. Sabía hablar y mucho. Quizás demasiado bien, pero no lo hacía con sus compañeros. Para él era más satisfactorio el trato con los adultos porque como él mismo decía “hablaban su idioma”.

Ese supuesto problema en cuanto a sus habilidades sociales con sus iguales, para él no lo era. Con sus rutinas bien estructuradas, todo iba bien.

Tenía 12 años, el pelo castaño y los ojos muy verdes. Además de la astronomía también le gustaba dedicar parte de su tiempo a ayudar a ordenar en casa. Disfrutaba viendo todo colocado en un orden lógico para él. De hecho, era una de sus actividades diarias como pueden ser preparar la mochila o llevar la ropa al cesto. Rutinas que le hacían sentir tranquilo: todo va bien, todo en su sitio, todo sigue igual.

También disfrutaba con las pelis del espacio, aunque, cómo no, era muy crítico con ellas. Las analizaba con sus conocimientos reales. Digamos que  lo que se saliera de lo comprobado científicamente y se convirtiera en fantasía, en otras temáticas lo había llegado a entender, pero con su «cielo»no se jugaba.

Era un buen lector, muy atento. La playa era su otra pasión, no tanto la arena. No le gustaban los deportes y se consideraba un poco torpe. No era algo que le preocupase ya que era muy consciente de sus habilidades, y de las que no lo eran tanto.

Llevaba mucho tiempo asistiendo a sus terapias porque en su valoración se confirmaba que puntuaba dentro del Espectro del Autismo. Con su terapeuta aprendía a gestionar todo aquello que su diagnóstico le ponía más difícil, pero no imposible. Él mismo, que sabía cómo funcionaba su cabecita, conocía que la necesidad de apoyos era 1 según el DSMV. Esto quería decir, poca relativamente. Cada persona es diferente y por lo tanto cada persona con autismo también.

Había llegado a la conclusión de que a pesar de no tener interés por los niños de su edad, respetaba que para ciertas cosas había que relacionarse o por lo menos ser cordial. Conocía muy bien el término Empatía y por supuesto aplicaba sus estrategias bastante mejor, a veces, que muchos de sus compañeros.

¿Será que asistir a tratamiento psicopedagógico desde que era muy pequeño es un privilegio para el buen desarrollo de su inteligencia emocional? Quizás así fuera porque muchas de las cosas que él trabajaba no se daban en el aula. A él le gustaba asistir a sus sesiones.

Un día hablamos del problema al que se enfrentan los chicos con TEA cuando se organizaban actividades deportivas o se valoraban las clases extraescolares dedicadas a lo físico y al trabajo en equipo. No le gustaban, ni a ninguno de sus compis de grupoTEA.

Cada uno tenía su diagnóstico, su personalidad, sus gustos, sus problemas asociados pero…todos compartían su negativa a participar en deportes de equipo. Algunos porque no les gustaba el contacto, o ponerse de acuerdo en su rato de juego, o que no estuviera todo planificado…perder tampoco les resultaba agradable. Pero sobre todo coincidían en que les costaba…motrizmente hablando.

Un día su terapeuta les habló del yoga. Lo primero que dijeron fueron cosas tales como “¿eso es muy zen?”, «¿pero no puedo moverme?»,»¿Es muy difícil?»,¿Qué dios rige eso?»,»¿a quién se le reza?…y aprovechamos para comparar las falsas creencias sobre el autismo, que ya conocen, y las del yoga.

Siempre debatíamos el desconocimiento de la gente en general sobre el TEA y los mitos acerca de este diagnóstico. Así pues, fue muy fácil que identificaran que a priori habían valorado de igual forma el yoga.

Decidieron darle una oportunidad, al fin y al cabo el trabajo es sobre todo de propiocepción, y conocerse más sin competir ni tener que acordar nada con el de la esterilla de al lado les pareció de su agrado. También el hecho de seguir unas directrices  y que la terapeuta les guiara.

Es como las normas del día de grupo y si además está anticipado… ¿qué problema podría presentarse?


Después de la primera sesión aprendieron que lo más importante era seguir al cuerpo, no obligarlo. Escucharlo, aunque no “en voz alta” sino por dentro. Entender las limitaciones, hasta donde somos capaces de llegar. Que al practicar de forma habitual se mejora pero no como una competición sino al alza en salud. Que te sientes mejor en definitiva. Y que por supuesto mejoraría muchas de sus habilidades motoras sin que nadie interviniera en el proceso salvo quién dirigiese la práctica.

Entonces… ¿podría practicar una actividad donde mi cuerpo se implicase y a su vez me sintiera mejor emocionalmente sin competir, comparar y sin contacto físico ni acuerdos? SÍ, EXISTÍA ESTA OPCIÓN.

Y esa curiosidad que se comentaba al principio de esta historia, hizo posible que permitiera con bastante facilidad, probar e incluir en su rutina de forma habitual una nueva actividad. El Yoga.