Mamá, papá, me aburro. “Favorecer el juego en la infancia”

Mamá, papá, me aburro. “Favorecer el juego en la infancia”

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Esta frase la escuchamos de forma reiterada en el mundo occidental, puesta de moda por los divertidos Simpsons. Los niñ@s en ocasiones se aburren con facilidad y la razón por excelencia para que esto ocurra es que tienen acceso a muchísimos recursos materiales que ya tienen una función propia.

Ya sea cualquier muñeco de animales, dinosaurios, coches…como juegos de otro tipo más relacionados con las nuevas tecnologías o simplemente mecanizados.

Una etapa del desarrollo del juego que es muy importante es la del juego simbólico porque despliegan su imaginación y esa creatividad que hará que no tengan tiempo para aburrirse (aunque también es sano no tener todo el tiempo ocupado) porque cualquier objeto puede ser válido para crear un juguete o ser un recurso que forme parte del juego.

Lo que quiero decir con esto es que no es una etapa más que han de pasar porque forma parte de su desarrollo, sino que es, además, un periodo para ampliar la capacidad de resolución de su tiempo libre, de crear, imaginar, desarrollar e inventarse situaciones…

Formar mediante el juego libre o acompañandol@s, pero dejando experimentar a esas futuras personitas que necesitan que les ayudemos a aprovechar los estímulos y recursos que nos ofrece todo lo que nos rodea, no solo lo que ya está inventado.

Un ejemplo muy claro lo he vivido esta misma mañana. Me encuentro en Delhi, en la India. El choque cultural es abrumador, pero cuando te vas adaptando disfrutas de cada segundo. Comienzas a fijarte, o comienzo yo especialmente porque me viene de profesión, en los niñ@s. Lo que veo en la calle (estamos quedándonos en un barrio especialmente pobre), los colegios, sus rutinas, sus juegos, su comportamiento etc.

Creo que lo ideal sería que nadie viviera en una situación precaria y menos los peques, pero lo único que he visto han sido sonrisas e intentos de interacción e imitación.

He observado dos casos claros que me han parecido particulares. El primero, iba en el metro y había una niña con unos ojos maravillosos, llenos de vida y de ganas de vivirla que no paraba de sonreírme y de buscar mi mano para jugar conmigo. Hacía que pareciera sin querer, me lo decía mi ojo clínico. Ella me miraba con aquellos ojos pintados en negro para protegerse del mal de ojo (valga la redundancia) y seguidamente imitaba mi posición. No quería estar sentada, era demasiado pequeña e inocente como para hacerlo con doble intención.

Solo pretendía que me diera cuenta que estaba jugando, con la interacción hacia los mayores, con iniciativa propia, sin maldad.

En este caso los adultos le recriminaban que no lo hiciera. No hacía nada malo, pero se ve que sea cual sea nuestra cultura queremos pequeñ@s que se comporten como adultos y los coaccionamos. Obviamente sin querer, pensando que es lo ideal, según las normas, los valores, algo que hacemos día a día con los peques en cualquier circunstancia. Por supuesto, sin ofender a nadie creo que, si fuéramos más naturales, el desarrollo de nuestros niñ@s iría rodado también, tengan o no dificultades.

Vi a otra niña jugando en la calle, era muy pequeña, no tendría un año. Su mamá vendía flores en un escueto puesto en el suelo y yo estaba intentando entender qué hacía la pequeña porque tenía una sonrisa dibujada en su cara, cara de pilla. Cuando por fin me doy cuenta estaba pasándoselo en grande jugando con una pequeña tubería, un espacio, a esconder piedras y después entretenerse sacando y descubriendo su tesoro.


Si consiguiéramos el equilibrio entre el conocimiento que tenemos sobre varias culturas encontraríamos la fórmula mágica para educar a los niñ@s: dejándoles explorar, sintiéndose descubridores importantes, exponiéndolos a la autonomía e independencia según edad y creando un sentimiento de responsabilidad en ellos empezando con sí mismos.

Apoyándoles de manera activa en este proceso, que se sientan seguros, pero a su vez libres de imaginar.

Y lo más importante…no volver a escuchar… Mamá, Papá…me aburro, porque un niñ@ es capaz de entretenerse viendo dibujos en las nubes, con una servilleta o creando historias.

Me estoy fijando en el tipo de escuelas que existen y la fórmula que utilizan en su sistema educativo. Si tenemos en cuenta que estoy en el barrio de Pahar Janj, humilde, muy humilde, me ha sorprendido que en una manzana he avistado: una escuela infantil, un colegio de secundaria para niñas con recursos del estado y una del tipo Montessori… Cuando pasas por cualquier colegio o guardería escuchas a los niñ@s participando al son con ganas, es increíble, teniendo en cuenta que hace mucho que no escuchaba una interacción tan potente sin ser en la hora del recreo. Much@s maestr@s en España me comentan que les encantaría no seguir tanto protocolo LOMCE y las tediosas competencias que evalúan a niñ@s a veces, de muy temprana edad.

Estamos convencidos que en el primer mundo tenemos la panacea y hablando de materia educativa estamos perdiendo la esencia de la etapa infanto-juvenil.

Sin querer hacer más hincapié por el momento porque me falta información, quiero poder tener más conocimiento y valorar qué falla en ambos sistemas. ¿Qué podríamos hacer para mejorarlo? Seguro que es posible, y no lo dudo, pero para ello seguiré investigando para informarles.


Quizás encontremos la fórmula independientemente de razas, culturas, religiones, franjas horarias y demás, para que lo más importante, que es el buen desarrollo sobre todo emocional (desde mi punto de vista) de nuestros peques se dé de una forma distinta a la que estamos acostumbrados.

Que sean felices y sean exploradores de sus propias vidas.

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